Viaje al fin del mundo

De la vez que viajamos juntos a la Patagonia.

Como unir 2 puntos distantes?

Así comenzaba la aventura, estirando las posibilidades de nuestras maravillosas formas de locomoción. Seguida de la alegría de descubrir que era posible trazar una linea a través del planeta con la estela de un par de aviones y construir un encuentro al sur del sur.
Juntos en Santiago comenzamos, el vuelo de madrugada, un taxi, un autobús y algunas horas de espera nos llevaron hasta Puerto Natales, al borde del estrecho de Magallanes, nos sorprendió como el frío parecía abrir los espacios separar las cosas definir unidades entre intervalos de aridez y viento.

Empezamos a caminar, con dirección a unas moles inmensas de granito, bajo la lluvia muchas veces, y caminaste como una campeona, envuelta en plástico húmedo con tus bastones alquilados. 

Nos animaba el paisaje, naturaleza bruta verde, blanca, fría, pura.

Acampamos un par de noches en medio del bosque sub polar que explorábamos.

Lo logramos, llegamos a las torres, el día era claro pero el viento nos helaba la nariz, de vez en cuando se le enroscaba una nube a un gigante y la laguna de hielo derretido se reverdecía con el cielo gris.

Regresamos a la carretera austral en dirección norte hasta El Calafate, antiguo hogar del desaparecido pueblo Selknam, y de aquel cordero patagónico que encontró su destino a la brasa contigo.

Del lado argentino, estaba el grandioso Perito Moreno, el rumiante de origen perdido, caminando perpetuamente desde el blanco infinito hasta el agua que lo recibe en pedazos.

"Dicen que al final del arcoíris existe un tesoro, mira aquí el tesoro es el Perito Moreno" - Kakita

Casi nos robamos aquella capa de lluvia de la turista asiática y vimos caer un pedazo de hielo inmenso que sonó como un trueno y levanto olas al borde del iceberg por varios minutos.

Los terminales de autobuses con butacas incómodas y sin calefacción eran los intervalos entre viajes de un lugar a otro, el hostal de El Chaltén fue una fortuna, cuando llegamos aquella noche bajo la lluvia al pueblo.

Al siguiente día, ya descansados, exploramos el lugar, las montañas todavía estaban cubiertas de nieve y al final de la tarde la figura del Fitz Roy se delineaba en el cielo al final de la calle larga del pueblo.

Anduvimos por los senderos que bordeaban El Chaltén, vimos cascadas de agua helada convirtiéndose en ríos, se podían comer pedazos de nieve de los arboles, habían pájaros carpinteros, un clima impredecible que iba de la lluvia sin tregua al cielo azul brillante en un pestañeo.

Regresamos a la carretera austral con destino a Punta arenas, donde el viento arranca los postes de luz y a veces hace falta tender una cuerda de un lado al otro de la calle para que los pedestres no salgan volando al atravesar.

De regreso a la ciudad, nos dimos una vuelta por Buenos Aires, donde nos encontramos a Paola en la salida del metro, y otra noche andando por la calle encontré a Alvarito un amigo del colegio, tanta coincidencia en una ciudad de casi 3 millones de personas.

Quede este registro como una herramienta para extender la alegría del recuerdo.

Que la ambición inicial de re-encontrar a la madre y de abrazar al hijo trascienda a una instancia imperecedera, una fotografía de nuestros yoes caminando en un bosque helado a la sombra de un pico secular.
Hecho desde la estrecha distancia del amor, para ti, en tu cumpleaños – abril 2020.